dijous, de novembre 17, 2005

TRENSICIÓN

Algo me preocupa en la ciudad cuando el lugar más cálido es la biblioteca del barrio. Allí se dan cita aún esos niños redonditos y con mofletes, ignorantes aún de Agatas Ruiz de la Prada y con nombres variados: Jessica, Omar, Rodolfo, Valeria... La bibliotecaria se ríe y me dice "Bona tria, aquesta noia...". El bibliotecario (mi hombre ideal) sonríe, y con esa voz que debería doblar, como mínimo, a Ethan Hawke en Antes del atardecer, me dice:
- És que és una fan dels Smiths. Però en realitat l'has decebut perquè no t'has endut el Morrissey.
Ja me l'havia endut anteriorment...mentrestant, un hindú demana internet i una subsahariana coqueteja amb el bibliotecari alegant que ha tornat a perdre el carnet...que finalment duu a la butxaca. Surto somrient. I durant tot el dia creuré que com he trigat tant de temps a sentir "There is a light that never goes out"...

He pasado una noche endiablada. En mi insomnio podría haberme soñado, efectivamente, perdida en una llanura como la de El Calafate que nos retuvo, con los mismos matojos espinosos al borde del camino y la misma bóveda tintineante.
Las venas de mi mano golpean mis huesos, mientras veo venir a 'Don't look back in anger'. Apenas me deja atrás vislumbro una silueta de una cabeza salir por la ventanilla, con un cigarrillo en la comisura que arde un adiós.
En dirección contraria cruza a toda velocidad, imprudente por el terreno que sobrevuela (y porque casi me atropella) el bonus track de X&Y de Coldplay (¿cómo se llama?) en forma de camión con más luces que el Moulin Rouge.
En ese momento temo que la que se pare sea la canción de los Smiths. Sobretodo porque no tegno ni idea de quién podría conducir el coche...
Me siento a esperar. Quizá deba venir un ovni. Y juego a algo que hacía de pequeña: Pongo nombres a las estrellas. Pero esta vez son personas.
De pronto oigo un chirrido que se acerca. Un pequeño foco que rota como un faro me permite ver quién se pasea sobre una bicicleta antigua, de ésas que la rueda de delante es tan grande como la de un molino.
Mi mueca escéptica me comunica que he llegado al fin del insomnio y que estoy soñando. No tengo imaginación suficiente para recrear al Boss en bicicleta, tocando Thunder Road con su harmónica. Me hace un gesto para que salte al trineo blanco que lleva detrás. Acaba la canción en una estación mientras amanece en lo que me recuerda a las Innisfree.

Nací a las 4.22 de la madrugada, así que me despierto con 22 años. Y no ha cambiado nada. O sí. Salgo tarde. Cojo un disco que en mi búsqueda había dejado atrás. Han llegado algunos mensajes preciosos. Falta el que no llegará. Recuerdo las últimas sorpresas y me viene a la mente la escena de un film argentino. Chinpón. Yo también voy a acabar mi tango.
Gustavo se desliza por la carretera mientras pienso al menos 22 motivos al lado de quienes tengo una porción de hogar, una fichita de mosaico. Y me salen los números. A la hora exacta. Soy yo quien conduce, suena 'Land of Hope and dreams'.

Big wheels roll through fields
where sunlight streams
meet me in the land of hope and dreams

3 comentaris:

Adriano Galante ha dit...

Para preciosas, sus palabras.

Anònim ha dit...

Quin text! Insuperable. Des de l'exili Grenobloise, 22 petonassos.

Anònim ha dit...

ay, qué bonito, snif, snif! dan ganas de ir a coger un libro a la biblioteca, a ver qué pasa...