diumenge, de desembre 31, 2006

¿Te conozco?


Debería bastar esto, decir de alguien cómo se llama y esperar el resto de la vida para saber quién es, si alguna vez llegamos a saberlo, pues ser no es haber sido, haber sido no es será, pero otra es la costumbre, quiénes fueron sus padres, dónde nació, qué edad tiene, y con esto se cree que uno sabe ya más y a veces todo.
(José Saramago)

O qué estudiaste, y dónde. O cuántas veces te han herido. O qué música escuchas, qué ropa vistes, dónde sales. A quién votaste, qué diario compras.

Cuando somos adolescentes queremos ser alguien.
Cuando somos jóvenes queremos ser nosotros mismos.
Qué cosa tan complicada es mostrar tu etiqueta correcta en el aparador del mundo, cuando circulamos con nuestras gafas intentado definirnos. Un cita del cine (no muy célebre) propone que seamos por cómo reaccionamos, por cómo respiramos, por quienes aceptamos, en vez de por quien excluímos, por qué cosas no hacemos, por qué no toleramos.

Feliz año a todos!!! (y que disfruteis tanto como la pequeñaja Lola, que con un yogur ya es Navidad).


dijous, de desembre 21, 2006

Ficciones sentidas

Recuerdo el día que me dijeron que el rey Arturo no existió. Sé que fue tarde (siempre he sido una gran inocente), pero con quince años creo que fui de las pocas que no disimuló en clase de Literatura Española (Nuria Pino, esa inolvidable profesora) que no sabía que el Rey Arturo era un invención medieval. Fue un chasco. Peor que crecer esperando a Peter Pan. Peor que descubrir que los piratas violaban a las mujeres, y que vivían del hambre más que de la libertad. Casi tan tremendo como cuando certifiqué cual ha sido la supervivencia de los indios americanos.

Ayer me explicaron que el Rey Arturo sí existió, pero fue potenciado como arma política. Porque el mito es la propaganda más efectiva, y aunque los reinos del sur de Francia nunca ganaron a las estrategias de París, la capital de la cultura dio sus frutos con unos ideales inmortales.

Me pregunto qué mitos alimentan ahora la política que nos sostiene. Ahora que ya no hay tierra prometida, ni Hollywood dorado, ni revoluciones con solución satisfactoria (por el momento).

Quizá sólo tengamos nuestros sentimientos. A veces me lo parece, puesto que no puedo controlar el mundo que me rodea (aún me hiere, pese a los empeños) y la Navidad me parece que es dedicar un tiempo a los míos sin mirar el reloj, abrazarme entre mil abrigos y hacer cola para una ilusión. Y leer un viejo libro que hemos desmitificado. Y sentirme menos intelectual (¿son todos nihilistas?) y un poco más llena por ello.

Pero hoy he visto, por fin, 'Las horas'. Para prepararme una posible caída del mito de Mrs Dalloway. Y una tristeza extraña me envuelve, incómoda, bajo la manta y con Lola dormida en los pies... todo se vuelve tan frío, rodeada de privilegios y oportunidades, de esperanzas y cariño... no sé si es empatía, ni si tengo derecho a la pregunta... ¿qué es la vida? ¿dónde están los ideales? Arturo respira a través de los juncos estrechos y frágiles de Avalon, Momo viene a visitarme y los pastores, los más humildes de la humanidad, vuelven sus ojos a un portal iluminado, y se olvidan del festín del solsticio de invierno...