--y descolgar el alma frente a un té humeante cuando fuera todo puede esperar...--- No falla. Cuando me levanto del otoño y la temperatura se ha lanzado al borde de las aceras, me viene como un escalofrío que me pide que vuelva a
Toulouse. Por ella, soy la
petite elfe de las manos frías que se despertó en su escapada al midi francés. La que volvió loca por una música siniestra o melancólica, con expresiones italianizadas, ganas de perder el miedo, de compartirlo todo, de dejar que la bohemia se escape por las grietas de esta educación racional y perfeccionista de la que no puedo culpar a nadie, porque he sido siempre la primera orgullosa...hasta la esquizofrenia.
Aún hoy doy las gracias por haberme dejado llevar aquella primera vez por una de las sorpresas encubiertas de la vida. Cuando debo justificar porqué me empeñé, sin más, en escoger una de las opciones de repesca, relegadas a quien las quisiera, por una ciudad del sur francés de la que sólo había oído que era una importante corte medieval... Sonrío y digo que es de lo mejor que me ha ocurrido. Y sí, fui descalificada de mis tres opciones, Stirling (Escocia), Utrecht (Holanda) y Copenhague. Y sí, me ha quedado un año colgado por culpa de mi aventura. Y no, no lo cambiaría por nada. Y acabó siendo una suerte de hechizo: ciudad natal de Carlos Gardel (sabeis que no comprendo el tango, pero tenía que acabar allí...), residencia pasajera del viajero Exúpery...
No sé cuánto tiempo hubiera tenido que emplear en encontrar esa ciudad artística, entregada y amable del sur de Francia, para encontrar un refugio en el que sentirme en casa.
Sé que puedo volver. Y que todo lo que aprendí me configura hoy, y que estoy aún en deuda con toda la gente que me configuró. Me escaparé al borde de la Garonne a escribir desde estos ojos que sólo se llenan con las historias que asisten. Tantas, tantas historias...
Sé que...necesito volver.
P.D. Los que estéis de Erasmus, llenad vuestros pulmones...y descubridlo todo.
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