Ayer empezamos las clases con la presentación de los alumnos y una serie de charlas sobre las bases de la creatividad. Los dos ponentes, Laurent Simon y Patrick Cohendet, tenían una retórica fantástica y eran unos comunicadores muy eficaces, capaces de dominar el powerpoint (no es tan obvio en las aulas universitarias) e intercalar dos horas de teoría con ejemplos amenos y breves actividades de grupo (en las que demostré los efectos del jetlag en la creatividad). Hablaron de Richard Florida y su clase creativa pero fueron mas allá, y pese a ser una escuela de negocios tenían en cuenta la primacía de lo social y el beneficio común. Después del "lunch" (estratégicamente ubicado en mesas redondas para que la gente interactuara) pasamos al debate de la tarde, con otra introudiccion de Cohendet y Simon sobre ciudades creativas, o mejor, sobre comunidades. Fue muy interesante como lo vincularon a los manifiestos artísticos del cubismo y el surrealismo, y la importancia de saber comunicar el arte y la cultura. Luego hubo un debate entre diferentes ciudades creativas: Barcelona, Montreal, Vilnius, Vietnam, Victoria (Australia), Liege y Strasbourg. La presentación fue interesante pero la comunicación de los ponentes me pareció un poco irregular. No es lo mismo considerar creativas todas las nuevas industrias y planes de desarrollo que hablar de la fundación de una ciudad y el origen de su folklore aunque sea muy interesante, creo. El debate posterior lo fue mucho mas, con especial hincapié en la influencia de las políticas publicas.
Luego fuimos a la terraza de la universidad, donde desde un extremo se podía ver el despliegue por la visita de Guillermo de Inglaterra y Catherine a un hospital. Aquello era la previa para el concurso de tortillas, algo que acabo generando mucha cohesión de grupo y creatividad. En el jurado, Francesca Sole Parellada y la presión de haber aprendido esa mañana el secreto de la tortilla de La Mère Poulard de Saint Michel. El ambiente con música jazz y canapés agudizaba sin duda la informalidad, necesaria para esa creatividad culinaria. Aunque nuestro cliché campagnard no gano, el equipo quedo mas consolidado. Viva la creatividad, pues.
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