dijous, de juny 30, 2011

Un cambio de meridiano: Montréal

He vuelto. Hace siglos que no actualizo. En fin, es siempre una confrontación volver después de mucho tiempo. Da esa vergüenza perezosa del que se verá juzgado, si no por el lector, seguro por el paso del tiempo. Pero al ser un blog y no estrictamente literario, tengo la clemencia de que lo que se cuenta no son más que retacitos de mi vida, y como tal, no se juzga su estilo (al menos no tengo amigos que hagan esas cosas).

Me voy a Montreal. Siempre he soñado con visitar ese país de las maravillas que es Canadá, pero sobre todo Montréal. Voy a un curso de gestión de la creatividad que creo que no me dejará mucho tiempo para hacer turismo. (Es gracioso porque es un curso que se llama también Mosaic). Es un curso transoceánico: una semana en Montréal y otra en Barcelona. Sin pausas, pretende mostrarnos ejemplos de buenas prácticas en gestión de la creatividad y la innovación en empresas de videojuegos, y telecomunicaciones, en barrios creativos e instituciones culturales, en sitios como el Cirque du Soleil o la Fundació Alícia. Veremos qué aprendo.

Por ahora me he ido formando paulatinamente a lo largo del año, como si fuera esperando esta sorpresa. Pareceran nimiedades, pero me he convertido en fan de la serie de cómics Magasin Géneral de Loisiel y Tripp (y la protagonista se llama Marie), y en una asignatura de Modelos Internacionales de Políticas Culturales Comparadas he sido la 'delegada' de Canadá, por lo que he aprendido cómo es un país cuya mitad de la Constitución se basa en proteger la cultura y la diversidad cultural. Guau... Además una pasajera del covoiturage (tendré que escribir un post sobre ello, compartir coche es algo altamente estimulante e interesante) me contó que su hermano, inmigrante allí, obtenía una rebaja fiscal por apuntar a su pequeña a ballet y canto. La pequeña pronunciaba su nombre (Andrea), con acento español, inglés o francés según a quién se dirigera.

Abro la guía Lonely Planet. Explica bastantes cosas divertidas de Montréal. En el hecho diferencial cuenta que "los quebequeses difieren del resto del país en temas tan importantes como la moralidad, la tolerancia personal y las creencias. Prefieren a la gente que busca la felicidad por encima del trabajo duro. Y en temas como el aborto, la homosexualidad y la educación sexual, son en conjunto más liberales que el resto de los canadienses; un claro ejemplo de ello es que Montreal cuenta desde hace años con una numerosa comunidad homosexual".
"Los quebequenses beben más que el resto de los canadienses, fuman en todas partes, pasan los semáforos en ámbar, las parejas discuten en plena calle y los bares abren hasta tarde. Las mujeres que comen solas en los restaurantes no son observdas con recelo, y los menús suelen ofrecer un cuarto de litro de vino para los clientes que comen solos." A bote pronto diría que el interés por la creatividad puede surgir de esa cierta libertad que se respira en la que después de la 2GM fuera la ciudad 'del pecado' para los norteamericanos. O tal vez porque las historias afloran en la urbe, sin esconderse tras los visillos de las casas. O por esa vida noctura. O sobre todo, por esa búsqueda de la felicidad. De todo eso también habla el cómic de Loisiel y Tripp. Aunque no veré ni sombra del Quebec rural que ellos ilustran con esa luz tenue y esos planos zenitales, tal vez pueda empaparme de una cierta búsqueda bastante interesante. Allá voy.

2 comentaris:

Anònim ha dit...

Qué ilusión que hayas vuelto! Gran noticia! Que te vaya muy bien por Montreal! Bon voyage! p!

Anònim ha dit...

M'ha encantat! segueix actualitzant el blog i bon viatge! Núria