dimarts, d’agost 16, 2011

Cambios

Me sorprendo a mí misma casi prefiriendo (con reticencias, por supuesto) la versión del Hallelujah del París dernière de Beatrice Ardisson a la original, desgarrada, de Jeff Buckley. Será que la marca del último verano me impide volver a algunas costumbres antiguas. Como aquella frase encontrada en el coche que prestaron a mi padre en Mallorca, mientras recorríamos las curvas de una Valldemossa sabia y tranquila: "La felicidad no es cosa de tontos".
Me sacuden de pronto Vila-Matas y la festividad de un Bloomsday que yo no he presenciado, pero ya idealizo, persiguiendo los objetivos de mi trabajo de fin de máster. ¿Para qué servirá? Ni la más mínima idea. Tampoco me preocupó demasiado para qué servirían mis escritos, mis huellas, mis mezclas y suspiros: sencillamente, creía en ellos y en que su existencia hacía el mundo ligeramente mejor.
Voy a volver de vacaciones y sé que el acoso de la tinta de los titulares y la tristeza volveran a acosarme. Recuerdo a Flaubert: 'Cuidado con la tristeza, es un vicio'; y me hago el propósito firme de principios de año (para los trabajadores, coincide con el fin de las vacaciones) de convertirme en una irresponsable resistente, como en los años de mi postadolescencia, cuando era capaz de vivir en la euforia, y sin embargo creer estúpidamente que la actitud desesperada y triste era mucho más sabia. Pese a todo, everybodody's gotta learn sometimes, y con este disco de versiones en esta última semana de vacaciones, escondida en algún lugar al norte de mi Barcelona idolatrada (y cada día más, otra terrible costumbre que nunca sé adonde me llevará), hago promesas porque en mi vida habrá cambios, y porque para aprender hoy es siempre todavía.

1 comentari:

Dolzanena ha dit...

Hola Maria sóc l'Alícia. Et paso el meu blogspot per si el vols veure. manualidadesdolzanena.blogspot.com.
Salutacions. Espero que estiguis bé.