divendres, de setembre 30, 2011

Quiero ser...

... investigadora! Recuerdo que de pequeña mis padres les brotaba una sonrisa cuando quería ser ginecóloga, o bióloga marina. A los ocho quería ser poeta. A los doce, periodista.
Desde los catorce empecé a tener claro que, por mucho que pareciera complicado, yo no sabría ser una sola cosa. Una profesora había convencido a mis padres que no tenía remedio, yo era de letras, una pionera en la familia. A los dieciocho entré en periodismo. "Pero esto no me tiene que evitar ser escritora". Y elegía las fantásticas asignaturas más relacionadas con el tema: la romántica Periodismo literario, muy especialmente. Creo que aquellas clases con David Vidal marcaron en mí una huella indeleble, y tan pronto acabé periodismo, me matriculé en Teoría Literaria, esa carrera tan hermosa. Contaba que había decidido ser realista (sé que eso a veces puede parecer un chiste, al menos lo saben quiénes me conocen), y que sabía que no me sería fácil ser corresponsal en Nueva York o Londres o París, pero con esta carrera sería mejor periodista cultural. En realidad, lo que ocurría entonces es que me apetecía cada vez más ser editora.

Mis años profesionales empezaron divididos. Siempre era editora y estudiante, periodista y estudiante, gestora cultural y estudiante, comunicadora y estudiante... Siempre mezclando ese periodismo y esa literatura, que me perseguían desde las formas de la creación, la difusión, la comunicación...
Luego lo que debía ser un empleo de paso se convirtió en una nueva vocación. Trabajar en gestión cultural de auténtica base, en un barrio periférico de Barcelona, me despertó una especie de gusanillo interno. Mis padres me miraban como me miraban de niña. ¿Cómo voy a conseguir satisfacerlo todo? Sobre todo, porque en la vida hay tantísimas cosas además del trabajo...

Hoy sigo siendo una mezcla rara, pero además... quiero ser investigadora. Esta vez mis padres se ríen. La incertidumbre de estos tiempos en los años más cruciales de mi carrera no me han detenido aún, y aunque de forma precaria, difícil y no sin conflictos oganizacionales y existenciales, solo sé que siguiendo adelante, si no llego a algún sitio, al menos me lo pasaré bien por el camino.
Cuando cumpla treinta, aun no me veo, pero seguramente siga con mis temas, que al fin y al cabo, me han configurado durante casi 28 años ya. Y lo bueno es que por fin he admitido que no sabré ser solo una cosa, siempre seré un poco ese mosaico que da nombre a este blog, dinámico y hecho pedacitos.

P.D. La intimidad de este post viene motivada y dedicada a aquellos que también estais dando un giro a vuestra vida. Un brindis por vuestro coraje, es inspirador.