Hace unos días alguien me hizo un regalo increíble, de aquellos que te devuelven un reflejo encantado de la vida: unas alas. No eran unas alas cualquiera, eran las alas del Hada Campanilla.
"Es lo único que te falta para volar". -dijo ella, y me emocioné como una colegial.
Ahora intento que mi gata no las capture, intento interiorizarlas, intento buscar una forma de tatuarme aquella increíble frase de Gustave Flaubert que un día me entregó un payaso en una cafetería:
"Creo que si siempre mirásemos al cielo, acabaríamos por tener alas".


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